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El sorprendente 2017 YE5.

Por diciembre del 2017 se descubrió el asteroide 2017 YE5.
Es un miembro de la familia Apollo. Éstos tienen una órbita elíptica con semieje mayor superior al de la Tierra, y un perihelio (su distancia mínima al Sol) menor que Nuestro afelio (mayor distancia al Sol); o sea que penetra la órbita Terrestre.
Para mediados del 2018, pasó a unas 16 veces la distancia a la Luna. Si bien es una distancia segura, es lo suficientemente cercana como para observarlo con radar. Esta técnica consiste (como lo indica su nombre) en enviar una señal (electromagnética) y analizar su rebote.
El resultado de esa observación fue sorprendente.

Se trata de un objeto binario donde cada uno de los asteroides componentes tiene casi el mismo tamaño que el otro; unos 900 m. de diámetro, y se orbitan en casi un día Terrestre. Esto es curioso. Muchos asteroides tiene satélites naturales, pero el satélite es mucho menor que el cuerpo dominante. Además, en este caso, ambos miembros son muy obscuros, pero uno lo es más que el otro.
Esto sugiere que tienen diferente composición o que tienen superficies muy distintas.

Pero pensemos cómo se habría formado.
Puede ser el resultado de un impacto, aunque en este caso es muy difícil que cada uno tenga casi el mismo tamaño que el otro. Por lo general, tienen diferentes dimensiones y pueden estar acompañados por escombros.
En este caso, puede tratarse de una fractura de un objeto de alta rotación.
Por algún motivo aumentó su giro, por ejemplo por efecto YORP. Ese efecto se da en un objeto de superficie con diferentes características. Al absorber energía del Sol, la irradia en una dirección preferencial, y eso hace que con el tiempo gire cada vez más rápido.
Esto último, parece ir bien con el hecho de que uno es más obscuro que el otro. Si no se trata de un objeto monolítico, la alta velocidad de rotación lo centrifuga y se parte.

Aún en este caso sigue siendo una curiosidad que ambas partes queden orbitándose.
Lo más probable es que adquieran velocidades que les permita escaparse y alejarse entre ellos, o que la velocidad les permita separarse para luego caer uno sobre otro.
Pero parece que se dio el caso intermedio.
Se fueron alejando a medida que se frenaban por la gravedad mutua. Llegado un momento, comenzaron a precipitarse cada vez más rápido, pero se encontraban con que uno se le escapaba al otro. Así volvían a alejarse frenándose por la gravedad mutua y comenzar el proceso otra vez (pdp, 06/feb./2013, Qué es estar en órbita, https://paolera.wordpress.com/2013/02/06/qu-es-estar-en-rbita/). Luego, terminaron en una eterna caída libre conocida como órbita, o sea que se encontraron cumpliendo con la tercera ley de Kepler (https://es.wikipedia.org/wiki/Leyes_de_Kepler).

Video: Rare Double Asteroid Revealed by NASA, Observatories.

NASA Jet Propulsion Laboratory
Publicado el 12 jul. 2018.

Para sacarnos la duda deberíamos seguir observándolo para saber si se orbitan de manera estable o no. Pero resulta que orbita el Sol cada 5 años aproximadamente, y volverá a estar a una distancia relativa a la Tierra que nos permita volver a estudiarlo recién en unos 20 años.

Referencia:

pdp.

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Gigantes Rojas: Por qué son así y qué nos hará una a Nosotros.

La masa de una estrella es la variable de la que dependen sus características, entre ellas, la energía que irradia.
Pero su brillo, depende de su tamaño.
Si vemos la ley de Stefan – Boltzmann (https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Stefan-Boltzmann), notaremos que el brillo de una estrella depende de su radio. A mayor radio, mayor brillo, porque la energía tiene más superficie para salir al exterior. Además, los fotones se ven en un medio de menor densidad cuando la estrella es más grande y tienen caminos más libres hacia afuera (pdp, 01/ago./2018, Casusas que afectan el brillo propio de estrellas y galaxias, https://paolera.wordpress.com/2018/08/01/causas-que-afectan-el-brillo-propio-de-estrellas-y-galaxias/).

Por qué son gigantes rojas las gigantes rojas.
Cuando una estrella de tipo Solar agota su Hidrógeno habiendo acumulado Helio en su interior, colapsa su núcleo y con eso se detona el Helio (flash de He). En ese proceso, se irradia energía de una manera más eficiente y se quema el Hidrógeno que queda en las capas exteriores. La presión de radiación así generada “infla” la estrella. Es entonces cuando aumenta su tamaño y recibe el nombre de gigante. Ahora la estrella es más brillante por tener una mayor superficie.
Luego de expandirse, en cada punto de la superficie de la estrella, hay menos temperatura. Eso se debe a que energía irradiada por unidad de superficie es menor; o sea que la temperatura se reparte en una superficie mayor. Luego, la estrella se enrojece. Ahora, además de gigante, es también roja.

Qué nos pasará cuando tengamos una.
Cuando nuestro Sol se vuelva una gigante roja, dentro de unos 5 mil millones de años aproximadamente, su tamaño crecerá hasta abarcar a Marte y todos los planetas interiores a Él, serán engullidos por el Sol.

Ilustración de tamaños relativos entre el Sol (Sun) la estrella Arcturus y la Gigante Roja Antares – crédito: SAKURAMBO, ENGLISH WIKIPEDIA

Algunos especulaban con que la Tierra y Marte podrían alejarse del Sol para aquel momento. A medida que el Sol aumenta su volumen, aumenta su radiación y eso volaría parte de la masa Terrestre, lo que permitiría que la Tierra se aleje por sentir menor atracción gravitatoria. Pero aún en ese caso, las consecuencias serán fatales debido al aumento del brillo del Sol; quedaría “cocinada”.

Como gigante roja, no sólo aumentará su brillo y viento solar, sino que presentará variabilidad de brillo con erupciones de materia, o sea que se volverá inestable. Eso afecta mucho al Sistema Solar.
Los asteroides, aunque pequeños frente al Sol, serán “fritos” por semejante radiación.
Los anillos de los gigantes gaseosos están compuestos en su mayoría por polvo y hielos, todo eso será evaporado y disipado. La heladas lunas de esos planetas, ricas en agua y hielos, se verán evaporadas por completo o, a lo sumo, quedarán como pequeños objetos rocosos y metálicos (sus núcleos pelados). Los mayores objetos del cinturón de Kuiper, tales como Plutón, verán sus hielos sublimados y océanos interiores evaporados, debido a su temperatura aumentada por una radiación 4 veces la que hoy recibe la Tierra. Serán rocas calientes,  algo así como el actual infierno que es Mercurio.

Los más alejados, como los de la familia de Sedna, se verán menos afectados por su gran distancia al Sol, recibirán más energía, tanta como hoy recibimos nosotros del actual Sol, pero no llegarán a ser habitables (para eso hacen falta más cosas).

Fuente:

pdp.

Hibonita en el meteorito Murchison.

La Hibonita es un mineral descubierto en 1956 y 4 años después cayó desde el cielo, pero eso se supo recién en estos días (año 2018) (https://es.wikipedia.org/wiki/Hibonita).

En Australia, en el año ‘60, cayó el meteorito Murchison; una roca de 100 Kgr. la que seguramente era parte de un objeto mayor del que se separó (https://es.wikipedia.org/wiki/Meteorito_Murchison).
Su análisis mostró una estructura de 4500 millones de años de antigüedad, eso lo hace anterior a la existencia de nuestro Planeta. Además mostraba incrustaciones de cristales de Hibonita con proporciones de Helio y Neón que denunciaban una formación en una época caótica.

Los modelos evolutivos dicen que el Sol en su juventud fue mucho más brioso.
En aquellas época rotaba mucho más rápido. En su interior, el flujo de partículas cargadas (plasma) generaba un campo magnético. Además, a esas partículas se le agregaba la rotación Solar, haciendo que ese campo rote con Sol (entre otras cosas).
En ese proceso, el campo interactuaba con las partículas cargadas expulsadas por el Sol. En esa interacción, las partículas tomaban energía del campo, el que a su vez se alimentaba del movimiento de las partículas del interior del Sol y de su rotación. Así, el Sol veía lenta pero continuamente disminuida su rotación hasta la que tiene hoy, proceso que continúa.

Pero en aquel entonces, también era mucho mas activo. Esa actividad es la que quedó plasmada en los primeros grumos de materia del disco protoplanetario que lo rodeaba.
Así, se formó el objeto rico en Hibonita del que se desprendió el meteorito Murchison.
El Sol expulsaba grandes cantidades de protones a gran velocidad. Esos protones impactaron en el material coagulando del disco circunestelar creando el Helio y el Neón (rompiendo el Aluminio y el Calcio) hallado en la Hibonita.

Hibonite crystals (inset, actual photo) formed very early in the solar system's history when it was still a swirling disk of gas and dust (artwork). Credit: Field Museum, University of Chicago, NASA, ESA, and E. Feild (STScl).

Ilustración de la vigorosa juventud del Sol generando cristales de Hibonita (meterial azulado) en la nube de material circunestelar, crédito: Field Museum, University of Chicago, NASA, ESA, and E. Feild (STScl).

De esta manera, la composición de este meteorito confirma lo predicho por los modelos de formación estelar.

Referencia:

Fuente:

pdp.

Oyendo a Encelado.

En la Naturaleza hay ondas.
Son la propagación de información o perturbación en forma oscilante. Las ondas de sonido o acústicas, son la propagación “mecánica” de presión o deformación en un medio. Por eso el sonido no se percibe en el vacío.
Las ondas electromagnéticas, son la propagación de un campo eléctrico y magnético sin necesidad de un medio para su desplazamiento.
Ambos tipos de ondas transmiten energía, o lo que es lo mismo, información.
Las ondas acústicas llegan a nuestros oídos, los que como traductores que son, convierten esa información en el sonido que interpreta nuestro cerebro. Las ondas de luz, como ondas electromagnéticas que son, llegan a nuestros ojos, los que como traductores que son, las convierten en la información visual que percibe nuestro cerebro.

Como ambos tipos de ondas transportan energía, podríamos tomar energía de una onda para generar otra. Por ejemplo, con la energía del sonido, podríamos generar una onda electromagnética; la que a su vez entregue esa energía a la distancia para ser convertida en sonido nuevamente. O sea, el principio de la radiofonía.

En el Universo los cuerpos irradian ondas electromagnéticas de todo tipo; visibles e invisibles. Entre las no visibles, están las de baja frecuencia o radio-ondas. Para estudiarlas, se necesitan antenas en lugar de instrumentos ópticos. Estas son las conocidas como radio-telescopios.

Podemos detectar la actividad en radio de los objetos astronómicos (de eso se encarga la Radioastronomía). Luego, podríamos convertir esa información recibida electromagnéticamente a una señal de audio y… “escuchar” la actividad del objeto en ondas de radio.
Esto se hizo con los Planetas del Sistema Solar, en particular con Júpiter y por supuesto con el Sol.

Llegó el momento de oír a Encelado.

Actual image from Cassini of water geysers erupting from the south pole of Saturn’s moon Enceladus. Credits: NASA/JPL/Space Science Institute

Chorros de agua desde Encelado – Crédito:  NASA/JPL/Space Science Institute

Encelado sufre la acción gravitacional de Saturno que lo deforma a medida que viaja en su órbita alrededor del Planeta. En este amasado gravitacional, Encelado genera calor en su interior, funde hielo en agua y lo hace brotar por las rajaduras así producidas en su superficie.
Ese agua que rodea a la luna, sufre el impacto de partículas atómicas desde Saturno, las que son aceleradas por su campo electromagnético. Es entonces que las moléculas de agua sufren el choque de esas partículas y se rompen en más partículas cargadas. Esto termina formando un caldo de plasma cerca de Encelado.
En ese plasma, formado por partículas cargadas, se siente la acción del campo magnético de Saturno que rota rápidamente. Las partículas se sacuden, o sea, se modulan, y en ese proceso, irradian energía en radio-ondas. Éstas a su vez fueron captadas por la sonda Cassini, transmitidas a Casa y luego traducidas a sonido.

Aquí el resultado.

Video: Sounds of Saturn: Hear Radio Emissions of the Planet and Its Moon Enceladus.

NASA Jet Propulsion Laboratory – Publicado el 9 jul. 2018.

 

Referencia:

pdp

Las nuevas lunas Jovianas (a 2018) – Presentando a Valetudo.

Saturno es el señor de los anillos, pero Júpiter es el señor de las lunas.
Actualmente, a julio – agosto del 2018, eleva sus satélites naturales a 79, luego de hallarle 12 nuevas compañeras, todas entre 1 Km. y 3 Km. de diámetro.

Cerca el Planeta hay dos lunas con órbitas similares y transladándose en el mismo sentido de rotación que Júpiter, tardando menos de un año en completar una órbita. Al parecer son fragmentos de una mayor que fue partida en una colisión.

Más lejos, hay nueve lunas retrógradas (se mueven en dirección contraria a la rotación del Planeta). Pertenecen a tres grupos de objetos retrógrados. Al parecer cada grupo es el resultado de la destrucción de una luna anterior. O sea que tres lunas fueron destruidas y cada una dio origen a un grupo de objetos más pequeños, entre ellos las nueve nuevas lunas.

Por último viene Valetudo, la más rara de todas estas nuevas lunas, con menos de 1 Km. parece ser la más pequeña luna Joviana.

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Imagen de Valetudo crédito Magellan telescope, May 2018. 

Nombrada como la Diosa romana de la salud, nieta de Júpiter, se translada en el sentido de rotación del Planeta, es más lejana que las 2 primeras mencionadas y su inclinada órbita cruza la de los tres grupos retrógrados.

Video: SheppardJupiterMoonsMovie

Publicado el 17 jul. 2018

Todas ellas se habrían dado por choques luego de la formación del Planeta.
Lo más llamativo es que Valetudo se mete en las órbitas de las que van a “contramano” aumentando así la posibilidad de encuentros frontales.

Referencia:

pdp

Las familias de asteroides.

En el Sistema Solar hay una gran cantidad de asteroides cuyo origen se está aclarando.
Durante mucho tiempo se pensó que los asteroides se formaron con el material remanente y sobrante del que nacieron los planetas.
En la nube protoestelar, la baja temperatura permitió el colapso y formación del Sol. Mientras, el material circunestelar coagulaba formando embriones planetarios, protoplanetas y finalmente planetas. Se pensaba que los asteroides se habrían formado por el material sobrante, haciendo que esos objetos sean pequeños y que no avancen en su crecimiento.

Pero sucede que la principal diferencia entre planetas y asteroides, es su forma.
Los planetas son esféricos. Al autogravitar en su colapso, las partículas buscan estar todas los más cerca posible del centro (menor energía potencial) y eso termina con el aspecto esférico que se le conoce a los planetas.
Los asteroides no son todos esféricos.
Algunos son esféricos, por lo que serían protoplanetas interrumpidos en su desarrollo, como el caso de Ceres (pdp, 06/ene./2016, Ceres sería un protoplaneta, https://paolera.wordpress.com/2016/01/06/ceres-seria-un-protoplaneta/). Otros, son casi esféricos, debido a que su baja masa no permitió una completa forma esférica por tener muy baja gravedad, como el caso de Ryugu. Y la mayoría son de forma irregular, dando la idea de haber sido originados por colisiones.

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Ilustración de colisión entre asteroides, crédito: Don Davis/University of Florida)

El 85% de los asteroides pertenecen a diferentes familias, han tenido un origen similar.
El 15% restante, si bien no comparten composiciones similares, comparten características orbitales que los relaciona en un origen común. La mayoría de los asteroides parece provenir de al menos 5 objetos que pudieron tener la décima masa de la Tierra. Protoplanetas que en los albores de Sistema, peleaban por tener una órbita limpia y estable. Fue entonces que las colisiones dieron origen a los asteroides, los cuales volvían a colisionar para generar más objetos.
De esta manera se distinguen las familias asteroidales de Flora, Vesta, Nisa, Polana y Eulalia. El 15% restante de los asteroides, podría provenir de una familia aún no identificada, o fantasma.

Luego, en el Sistema no se habrían dado objetos pequeños, sino de mayor tamaño, los que al chocar entre ellos generaron los escombros hoy conocidos como asteroides.

Referencia:

Fuente:

pdp.

Hayabusa2 llegó a Ryugu.

Luego de 3,5 años de viaje y recorrer 300 millones de Km., el 27 de de junio a las 00:35 hs. del tiempo medio en Greenwich (GMT – https://es.wikipedia.org/wiki/Tiempo_medio_de_Greenwich), Hayabusa2 llegó al asteroide 162173 Ruygu (https://es.wikipedia.org/wiki/(162173)_Ryugu)

After a 42-month journey, Japan's Hayabusa2 spacecraft arrived at asteroid 162173 Ryugu, 300 million km from Earth, on 27 June at 02:35 CEST, supported in part by ESA ground stations.

Asteroide 162173 Ryugu – Crédito:  JAXA, University of Tokyo, Kochi University, Rikkyo University, Nagoya University, Chiba Institute of Technology, Meiji University, Aizu University, AIST.

La imagen de este asteroide de casi 1 Km. de diámetro fue tomada por la sonda el 24 de junio a 40 Km. de distancia de su objetivo.
Se destaca un cráter en su ecuador, y si observamos con atención, notaremos que tiene su pico central y bordes redondeados, como desgastados o erosionados. Recordemos que en la Luna existe una sutil, lenta, pero continua erosión (pdp, 19/jun/2018, La erosión en la Luna, https://paolera.wordpress.com/2018/06/19/la-erosion-en-la-luna/).

Se me ocurre (y aquí me pongo a cantar) que en este caso también puede darse una erosión por viento Solar e impactos micrometeóricos. También podrían darse temblores producidos por tirones gravitatorios que sacuden el suelo reordenando el pedregullo y suavizando la superficie, cosa que sucede en otros asteroides. Incluso su rotación podría centrifugar material hacia el ecuador racias a su baja gravedad, donde está este cráter, y eso colabora con su “remodelación”.

Se espera lanzar un impactador y dejar descender sondas. La misma Hayabusa2 tomará muestras que traerá a Casa en el 2020 (pdp, 22/jun./2018, Ryugu en rango visual…,https://paolera.wordpress.com/2018/06/22/ryugu-en-rango-visual-de-hayabusa-2/).

Fuente:

pdp.