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La Luna desde San Vicente.

Otra vez mi amigo Enrique Almada de San Vicente (Prov. de Bs.As.) me envió una foto, en este caso de la Luna por aquellos pagos.

fotoRabanoLuna

Crédito: Enrique Almada

Veamos qué podemos decir de esta foto.
Podemos apreciar los accidentes en su superficie, cráteres y mares o llanuras.
Si vemos la Luna en el cielo o nos alejamos un poco de esta imagen, notaremos que hay una estructura en forma de “Y” o de “conejo” (a la izquierda del centro); la que, desde el Hemisferio Sur, tiene las orejas hacia arriba. Esta es una forma de identificar de dónde se obtuvo la imagen.
La luna durante la noche se mueve hacia el Oeste saliendo por el Este, luego, el conejo mira hacia donde va la Luna.
Como la Luna en su órbita se mueve de Oeste a Este, igual que la rotación Terrestre, podemos ver que en el momento de obtenerse la foto, estaba recibiendo luz del Este. Así, se está moviendo hacia donde saldrá el Sol. Va hacia lo que será una Luna Nueva, su posición entre el Sol y la Tierra.
De esta manera, está en una fase menguante. De recibir luz del otro lado, estaría en fase creciente, luego, siempre vista desde el Sur, la fase creciente tiene forma de “C”.
Finalmente queda aclarar el color rojo-anaranjado.
No se trata de un eclipse de Luna ya que eso se da con Luna llena.
Cuando la Luna está baja en el Horizonte, se la ve rojiza porque su luz debe atravesar en perspectiva una capa mayor de atmósfera hasta llegarnos que cuando está alta en el cielo. De esta manera, su luz sufre mayor dispersión llegándonos enrojecida. A este efecto se lo conoce como dispersión Rayleigh (https://es.wikipedia.org/wiki/Dispersi%C3%B3n_de_Rayleigh); lo mismo que hace que el cielo de día sea celeste.

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El agua en la Luna.

No es novedad la idea de agua en la Luna.
Hace ya un tiempo, se analizó las piedras Lunares traídas por las misiones Apollo y se encontró en ellas una relación Hidrógeno – Deuterio igual a la hallada en los océanos Terrestres.
Ese agua (sus moléculas) está encerrada en los minerales del terreno Lunar, por eso nunca fue observada.
Se estima que bajo la corteza Lunar habría tanta agua como en al manto superior de nuestro Planeta.
El agua de la Luna habría provenido de la Tierra, de cuando ésta fue impactada y de las esquirlas se formó nuestro satélite natural. (pdp, 15/jun./2010, Más agua en la Luna, https://paolera.wordpress.com/2010/06/15/mas-agua-en-la-luna/), (pdp, 19/dic./2013, El agua de la Luna provino de la Tierra, https://paolera.wordpress.com/2013/12/19/el-agua-de-la-luna-provino-de-la-tierra/).

Pero hay evidencias de agua en la superficie de las regiones cercanas al Sur Selenita.
En algunos cráteres, se encontró una capacidad de reflexión de la luz mayor que en otros. En esos mismos cráteres, la temperatura es consistente con la posible existencia de hielos de agua y con que puedan perdurar.

Estos hielos en cráteres de impacto, bien podrían haber sido depositados por objetos helados como los fragmentos de cometas.

Fuente:

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Se confirman cráteres selenitas enterrados en lava.

Todos los cuerpos generan un campo gravitatorio.
La intensidad de ese campo (o aceleración de la gravedad), depende directamente de la masa del cuerpo e inversamente de la distancia al mismo (en realidad disminuye con el cuadrado de la distancia).
Si recorremos la superficie de un cuerpo o la sobrevolamos, podremos medir variaciones en su gravedad debidas a su estructura interna. Así, realizando mapas de gravedad, podemos tener idea de la estructura interna de un planeta, un asteroide, un cometa o incluso una luna.

Realizando un mapa de la gravedad de la Luna, se pudo verificar la existencia de dos grandes cráteres sepultados por lava. Luego del impacto que los generó, las facturas del terreno permitieron que fluya lava del interior de la luna y rellene el cráter.
Estos cráteres ya eran sospechados de existir, de hecho muestran sus bordes por encima de la superficie llana de los mares lunares de lava solidificada.

Flamsteed crater (bottom) with ring-like hint of another bigger impact

En la parte inferior de la foto se destaca el cráter Flamsteed P rodeado de una gran estructura circular dada por el borde de un cráter relleno de lava. Imagen crédito de NASA.

Uno de ellos tiene 200 Kms. de ancho y se lo llamó cráter Earhart. Está al noroeste de la planicie Lacus Somniorum (https://es.wikipedia.org/wiki/Lacus_Somniorum) ubicada al noreste de la cara visible.
El otro fue llamado anomalía Ashoka, tiene 160 Kms. de ancho y se encuentra debajo del Mar de la Tranquilidad (https://es.wikipedia.org/wiki/Mare_Tranquillitatis), donde descendió la APOLLO 11.

Referencia:

Fuente:

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¿Agua en el origen del sistema Tierra-Luna?

En lo que se refiere a la formación de la Luna, hay dos tendencias.
Una sugiere que se formó del choque entre la Tierra y un objeto del tamaño de Marte.
Otra, por el contrario, sugiere que se formó en un proceso paralelo al de la Tierra.
Ambas se basan en las coincidencias y discrepancias geoquímicas halladas entre las rocas lunares y terrestres.
Pero hay otro aspecto a tener en cuenta: el agua en la Tierra y en la Luna. La pregunta es: ¿el agua estuvo presente desde su formación o vino de asteroides y cometas que la depositaron en su impacto?

Por un lado, se halló un diamante que habría sido expulsado por un volcán hace unos 90 millones de años. Muestra una impureza debido a minerales que quedaron atrapados en su formación. Esas impurezas están relacionadas con la existencia de agua. El análisis del diamante, sugiere que se formó en las profundidades del Planeta, a unos 1000 Kms. de la superficie. Luego, habría agua a dos tercios del centro de la Tierra.

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Las impurezas en el diamante expulsado por un volcán – crédito: M. Palot.

Por este lado, puede ser que el ciclo del agua se más amplio de lo pensado; o este agua atrapada allá abajo da testimonio de la que tuvo que haber en los orígenes de nuestro Planeta.

Por otro lado, el estudio de las rocas lunares indican una composición y estructura que implican la existencia de agua en la Luna desde su origen. Los estudios realizados, consistieron en recrear las condiciones existentes en el colapso de material que dio origen a la Luna, para lo que se aprovechó los sistemas dedicados a la fabricación de diamantes sintéticos. La extrapolación de los resultados de laboratorio a la Luna, implican la existencia de una capa de silicatos y otros materiales, todo relacionado con la presencia de agua, lo que es consistente con las lecturas hechas en la Luna por los satélites.

Luego, hay posibles evidencias de agua en los orígenes de la Tierra y la Luna. Es probable que la existente en la Luna haya provenido de la Tierra, luego del impacto que le dio origen; como también pudo estar presente en la nube de donde ambos cuerpos se formaron. Es probable que parte de ese agua se haya evaporado con las elevadas temperaturas de aquellas épocas quedando atrapada otro tanto en las capas interiores. En el caso de la Tierra, también es probable que parte de ese vapor haya quedado en la atmósfera, para luego condensar y volver a caer. Después, pudo haber colaboración de cuerpos con hielos que al caer acá y allá, agregaron más agua a la que ya había.

Referencias:

Fuentes:

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El Cinturón de Venus, Mauna Kea y la Luna llena.

En el cielo se dan escenas que llaman la atención, muchas son ilusiones.
La más conocida es la ilusión de la Luna por la que parece más grande en el Horizonte. Esta ilusión se repite con el Sol y hasta con las constelaciones; ellas también parecen más grandes a baja altura.
Algunas veces la Luna nos juega con sorpresas.
Cuando una nube tenue pasa delante de ella, apenas la obscurece dando la ilusión de que la nube pasa por detrás.

Cuando el Sol se pone por el Oeste, hacia el Este se observa la sombra de la Tierra proyectada sobre la baja atmósfera.

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Se aprecia como una región sombría por debajo de una faja rojizo-azulada llamada cinturón de Venus.

En esta imagen la Luna nos ofrece otra escena llamativa.

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APOD 2016 October 21 – G. Chavdarian.

Parece estar entre nosotros y una montaña muy lejana. Evidentemente no es así.

El volcán apagado Mauna Kea en Hawai, tiene algo más de 10 Km. de altura. Desde su cima se aprecian las nubes que pasan a menor altura. Cuando el Sol se pone, Mauna Kea proyecta su sombra sobre la baja atmósfera hacia el Este. En esa dirección está saliendo la Luna en oposición y por lo tanto en fase llena. Su imagen proyectada contra ese fondo donde aparece la sombra cónica del volcán, da la apariencia que se encuentra entre nosotros y esa supuesta montaña lejana.
Encima de la sombra, se observa el cinturón de Venus con su característico color rojizo.

Referencias:

Fuente:

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Micro explosiones suavizarían la superficie de la Luna.

En su viento solar, el Sol irradia partículas atómicas.
Esas partículas con carga eléctrica, no sólo nos llegan a nosotros generando las Auroras, también impactan en la Luna.
El suelo lunar no es conductor, se comporta como un aislante. Así va acumulando las cargas que va recibiendo del viento solar. Como todo aislante, puede saturarse de cargas y comportarse brevemente como conductor. En ese instante, se producen corrientes y encuentros de cargas con la consabida liberación de energía. Micro explosiones, pequeños chispazos que vaporizan polvo del suelo lunar.
Eso contribuye a suavizar y disimular pequeñas características, lo que con el tiempo, se traduce en cambios a mayor escala.
Se calcula que entre el 10% y el 25% de la superficie lunar, hasta una profundidad de 1 mm., ha cambiado su aspecto por este proceso durante el último millón de años.

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1) las partículas se incrustan en el suelo. 2) En un espasor de de 1mm. se producen encuentros entre cargas con producción de chispazos. 3) material vaporozado  es eyectado a la superficie. Ilustración publicada en el trabajo de A. P. Jordan et al.

Este proceso de suavizado no sólo se estaría dando en la Luna. Podría darse en todo cuerpo que reciba las partículas cargadas del Sol sobre su polvorienta superficie, asteroides y planetas rocosas con campos magnéticos muy débiles.

Referencia:

Fuente:

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Cómo se vería la Luna a la milésima parte de su distancia a nosotros.

La Luna está a unos 400 mil Km. de nosotros; si estuviera a la distancia de la Estación Espacial Internacional, a unos 400 Km. de altura, sería asombrosa por un lado y fatal por otro. Se vería enorme, con un diámetro angular de 100°, por lo que cubriría casi todo el cielo.
Por la tercera ley de Kepler 1, debería orbitarnos muy rápido para no precipitar sobre nosotros. Eso haría que cruzara el cielo en 5 minutos, algo realmente espectacular. Por donde pase, ocultaría completamente el Sol y en esos momentos, la luz reflejada por la Tierra iluminaría la Luna de un cierto color (por ejemplo azulado o verdoso) según donde se refleja  la luz de Sol en la Tierra hacia la Luna (luz cenicienta 2)
Pero  no todo es tan lindo.
La fuerza de gravedad aumenta cuando la distancia es menor. La Luna tan cerca, generaría enormes mareas con tremendas inundaciones.
Cuando estuviera encima de nosotros, su gravedad nos tiraría hacia ella de tal forma que nuestro peso en la Tierra disminuiría en un 10% (muchos contentos)


(animación crédito de Nick “yeti dymamics”)

En realidad, antes de llegar a estar tan cerca, la luna se rompería. A medida que se acerca a nosotros, la gravedad en el lado más cercano a la Tierra sería mucho mayor que en el lado opuesto a nosotros. La diferencia de fuerza gravitatoria la rompería en pedazos. Muchos quedarían orbitando la Tierra en forma de anillo (¡qué lindo!) y muchos caerían provocando desastres (¡qué horrible!).


(animación crédito de Roy Prol)


Referencias:

  1. http://es.wikipedia.org/wiki/Leyes_de_Kepler
  2. https://paolera.wordpress.com/2011/12/06/la-luz-cenicienta-de-la-luna/

Fuente:

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