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Tremendo flare observado en la Nebulosa de Orión.

En el Sol se dan fulguraciones producto de procesos relacionados con el campo magnético.
En realidad debemos hablar de fulguraciones estelares, ya que se observan en otras estrellas. En tales casos, esas fulguraciones son mucho más brillantes que las Solares, por eso pueden ser detectadas a las distancias que nos separan de ellas, y se dan en estrellas muy activas y vigorosas.
Las Solares, en cambio, son muchísimo más modestas, dignas de una estrella “tranquila” como la Nuestra. En general, las fulguraciones son bruscas y breves emisiones de energía que sin llegar a ser como los eventos explosivos de las Novas, son muy llamativas.

En la Nebulosa de Orión, la cuna de estrellas más cercana a Nosotros, a unos 1500 años luz, se detectó una colosal fulguración.

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Imagen de la fulguración detectada en ondas submilimétricas en la Nebulosa de Orión. Crédito: East Asian Observatory.

Se dio en una joven y vigorosa estrella de tipo T Tauri.
Este tipo de estrellas, son masivas jóvenes que se presentan muy activas con variaciones de brillo aún rodeadas de materia. En este caso, la estrella que presentó este evento no tiene más de 10 millones de años de edad, época muy activa de una estrella en la que entra a crecer con vigor hasta detonar el Hidrógeno.
Catalogada como JW 566, esta estrella mostró una fulguración o flare 10 mil millones de veces más intensa que las que se producen en el Sol. Esto sucde cuando las líneas de campo magnético que las rodea se “entrelazan y unen” en un proceso conocido como reconexión, donde se libera energía cuya intensidad depende del campo magnético.
De esta manera, se trata del flare estelar más intenso detectado hasta Hoy (principios del año 2019).

Referencia:

Fuente:

  • arXiv.org > astro-ph > arXiv:1812.00016, The JCMT Transient Survey: An Extraordinary Submillimetre Flare in the T Tauri Binary System JW 566, Steve Mairs et al. (Submitted on 30 Nov 2018).
    https://arxiv.org/abs/1812.00016

pdp.

Resolviendo estrellas: La cromosfera de LQ Hyd.

Las estrellas son enormes objetos tan lejanos que siempre los vemos puntuales, aún con los telescopios más potentes.
Observando nuestro Sol, observamos a la estrella más cercana que tenemos y apreciamos su superficie plagada de manchas y fulguraciones, además de su atmósfera.
Muchas de las características detectadas en nuestra estrella pueden darse en otras, sólo es cuestión de tiempo detectarlas para confirmar esa suposición.

Con técnicas interferométricas (análisis de cómo se interfieren los rayos de luz provenientes de diferentes partes de la estrella) se pudo obtener la primera imagen de la fotosfera (superficie aparente de la estrella) de una estrella que no sea el Sol.
Se trató de la gigante roja Betelgeuse.

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Crédito: Xavier Haubois (Observatoire de Paris)et al.

En esas imágenes se puede apreciar manchas o regiones de diferentes intensidades de origen convectivo (corrientes de materia).

Ahora, fue analizada la radiación de la enana de rápida rotación LQ Hydra (LQ Hyd.).
Se trata de una estrella no mayor a 75 millones de años de edad, muy joven, que estaría en lo que se conoce como Secuencia Principal de edad Cero, o sea a punto de entrar en el conjunto más abundante de estrellas.
En un período de tiempo se obtuvo observaciones de diferentes partes de su cromosfera (situada entre la fotosfera y la atmósfeta) a medida que la estrella rotaba.
Se detectaron variaciones de diferentes cortos períodos.

Mapa ortográfico de las regiones detectadas en LQ Hyd  – Publicado en el trabajo de Flores Soriano & Strassmeier

Se obtuvo evidencias de regiones o manchas obscuras y fulguraciones con eyecciones de materia. Estas regiones se muestran como que se están desplazando en la cromosfera y se mantienen activas por al menos 4 meses.

Referencias:

Fuente:

  • Astronomy & Astrophysics manuscript no. Evo_LQHya c ESO 2016 October 18, 2016, Short-term evolution and coexistence of spots, plages and flare activity on LQ Hydrae?, M. Flores Soriano and K. G. Strassmeier.
    https://arxiv.org/pdf/1610.05067v1.pdf

pdp.

Próxima b y los “flares” de Próxima Cen.

Con el descubrimiento de Próxima b, se conjeturaron varias cosas relacionadas con la posibilidad de contener alguna forma de vida.
Sucede que este exoplaneta tiene una masa algo mayor a la de la Tierra, unas 1,3 masas terrestres. Está cerca de su estrella, a 7500 millones de Km., por lo que está dentro de la zona de habitabilidad (podría tener agua líquida) debido a que Próxima Cen es una enana roja. En realidad está en la parte más interior de la zona de habitabilidad, lo que no es el lugar más cómodo que podría estar en esa zona.

Proxima b

ESO/M. Kornmesser

Próxima Centauri, como toda enana roja (de tipo M5.5) muestra fulguraciones (flares) periódicas, tanto como 60 a 63 por día; y superfulguraciones, tantas como 8 al año.
Eso seguramente debe afectar la posible atmósfera del planeta; por ejemplo, puede estar soplando su atmósfera al espacio (si ya no la eliminó toda).
En ese caso, es posible que Próxima b pueda retener las capas de su atmósfera más cercanas al planeta. Incluso hasta podría tener un campo magnético que proteja al planeta y a sus posibles formas de vida del bombardeo del viento estelar como sucede con el nuestro.
Pero todo son conjeturas.
Para poder estimar las posibilidades de vida en Próxima b, hay que saber si tiene una atmósfera que sobrevive a los “flares” de la estrella. Para eso habría que observar al planeta durante un tránsito. Al pasar delante de la estrella, se podría detectar su atmósfera y su composición. Pero son precisamente las fulguraciones de la estrella las que complican la detección de un tránsito; no sólo por la variación de brillo, sino por la eyección de materia al espacio con esos flares.
Con el tiempo, observaciones más precisas podrán aclarar el panorama sobre la posible atmósfera de Próxima b.

Referencias:

Fuente:

pdp.